

Desde fines de los años 50, a ritmo acelerado, el mundo de las artes visuales vive el cierre de la modernidad y el inicio del arte contemporáneo. La crítica y los artistas hablan de “la muerte de la pintura” y del “fin del arte”. Con el cambio de época la pintura y la escultura dejan de reinar sobre las “bellas artes”. Aparecen disciplinas, medios y soportes nuevos: objetos, construcciones, performances, bricolages, ensamblados, happenings, instalaciones, videos, ambientaciones, intervenciones y recorridos.
Las “obras de arte” dejan de parecer “obras de arte”: los artistas trabajan sobre elementos cotidianos, industriales, desechos, textos y palabras; realizan acciones urbanas o en la naturaleza, registros fotográficos y fílmicos, proponen experiencias corporales y sensoriales, ideas y conceptos en proceso se suceden y combinan con poéticas neofigurativas, pop, minimalistas, el Neosurrealismo y la Geometría sensible, etc.
La discusión se radicaliza sobre temas como la desmaterialización de la obra de arte y las relaciones entre arte y política. La escena latinoamericana muestra su propia agenda de producción ligada, por momentos a las neovanguardias del internacionalismo, pero siempre en tensión y compromiso con sus marcos distintivos de referencia tanto culturales como históricos y sociales.
Antonio Berni, Jorge de la Vega, Antonio Dias, Fernando Botero, Nelson Leirner, Rubens Gerchman, Mira Schendel, León Ferrari, Hélio Oiticica y Lygia Clark, son exponentes de estas nuevas tendencias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario