domingo, 20 de noviembre de 2011

La colección | Conceptualismos | Hiperrealismo | Nueva Imagen




Las dos últimas décadas del siglo aparecen marcadas por la democratización del campo artístico desterrando el principio de lo “artísticamente correcto”. Sin modelos superiores ni saberes autorizados reglamentando y administrando el territorio, las producciones de los artistas contemporáneos circulan con rapidez y multiplican posibilidades, contaminaciones y lenguajes.

El arte conceptual había desmantelado la idea de la obra de arte como presencia material y como mercancía. Materiales industriales, modelos científicos, reflexiones de áreas como el psicoanálisis, la lingüística, los estudios culturales y los códigos de comunicación impuestos por los medios masivos, todos atraviesan el mundo de las artes visuales.

Las obras de Antonio Seguí, León Ferrari, Liliana Porter, Víctor Grippo, Waltércio Caldas y Gego, son algunos de esos casos. Desde principios de los años 80 el regreso a la pintura como tendencia internacional impacta sobre la escena artística.

La Transvanguardia italiana, el Bad Painting en los Estados Unidos, la Neofiguración en los países latinos y la Nueva imagen en la Argentina, ponen en circulación grandes telas cubiertas de rostros e imágenes pictóricas que combinan códigos del cine, el teatro, la literatura, la música, la danza, los grafitis urbanos y los estudios de género. Esta “resurrección” de la pintura encuentra dos actores clave en el argentino Guillermo Kuitca y el cubano José Bedia.

La colección | Informalismos | Arte destructivo | Otras figuraciones | Pop Objetos | Minimalismo | Arte conceptual



Desde fines de los años 50, a ritmo acelerado, el mundo de las artes visuales vive el cierre de la modernidad y el inicio del arte contemporáneo. La crítica y los artistas hablan de “la muerte de la pintura” y del “fin del arte”. Con el cambio de época la pintura y la escultura dejan de reinar sobre las “bellas artes”. Aparecen disciplinas, medios y soportes nuevos: objetos, construcciones, performances, bricolages, ensamblados, happenings, instalaciones, videos, ambientaciones, intervenciones y recorridos.

Las “obras de arte” dejan de parecer “obras de arte”: los artistas trabajan sobre elementos cotidianos, industriales, desechos, textos y palabras; realizan acciones urbanas o en la naturaleza, registros fotográficos y fílmicos, proponen experiencias corporales y sensoriales, ideas y conceptos en proceso se suceden y combinan con poéticas neofigurativas, pop, minimalistas, el Neosurrealismo y la Geometría sensible, etc.

La discusión se radicaliza sobre temas como la desmaterialización de la obra de arte y las relaciones entre arte y política. La escena latinoamericana muestra su propia agenda de producción ligada, por momentos a las neovanguardias del internacionalismo, pero siempre en tensión y compromiso con sus marcos distintivos de referencia tanto culturales como históricos y sociales.

Antonio Berni, Jorge de la Vega, Antonio Dias, Fernando Botero, Nelson Leirner, Rubens Gerchman, Mira Schendel, León Ferrari, Hélio Oiticica y Lygia Clark, son exponentes de estas nuevas tendencias.

La colección | Concretos | Neoconcretos | Ópticos | Cinéticos



Las tendencias abstractas y no figurativas forman parte de la historia del arte internacional desde inicios del siglo XX. A partir de la idea básica de terminar con el principio ilusionista de la pintura y con el concepto del cuadro como “ventana del mundo”, distintas alternativas buscan liberar a las artes plásticas de la representación de la realidad.

A mediados de los años 40, Buenos Aires se convierte en uno de los centros más activos del arte concreto y sus variaciones. Madí, Asociación Arte Concreto Invención y Perceptismo, son los tres grupos que formados, entre otros, por argentinos como Gyula Kosice y Enio Iommi, y uruguayos como Rhod Rothfuss y Carmelo Arden Quin, aportan nuevas vías de reflexión y producción al debate mundial del concretismo.

Con los elementos materiales del lenguaje visual: formas, colores, líneas y planos, sus trabajos reemplazan el marco octogonal tradicional por contornos irregulares y recortados; investigan la función de las capas de color y el sistema de estructuras en serie; inventan “esculturas” articuladas y transformables; recurren a materiales industriales como esmaltes, vidrio y baquelita, y fabrican pinturas-objeto montadas sobre las paredes y móviles colgando en el espacio.

En los años 50, Alejandro Otero pinta su serie de abstracciones blancas con líneas cromáticas en Caracas, y los brasileños Hélio Oiticica y Lygia Clark convierten el color y la luz en cuerpos que se materializan ante el espectador. En la misma década y la siguiente, Julio Le Parc y Abraham Palatnik construyen artefactos que investigan la experiencia física y perceptiva de la mirada, agregando el concepto del movimiento real o ilusorio y la participación activa del espectador, ambas innovaciones del arte óptico y cinético.

La colección | Surrealismos




Desde la década del 20 en Latinoamérica, numerosos artistas investigan el mundo de lo mágico y lo fantástico creando imágenes relacionadas en parte con vivencias autobiográficas o creencias religiosas y, en algunos casos, vinculadas con la difusión internacional del surrealismo.

Dicho movimiento literario y plástico exploraba el campo de la energía psíquica y buscaba evadir la actividad consciente mediante prácticas como la asociación libre y el automatismo psíquico y el uso de factores como el azar y lo aleatorio.

Para estimular la emergencia del inconsciente recurre a técnicas que convocan efectos inusitados y procesos incontrolables como el fotomontaje, el collage, el frottage, el decoupage o el esgrafiado.

Antonio Berni y Juan Batlle Planas, Maria Martins y Cícero Dias, Roberto Matta, Frida Kahlo, Agustín Lazo y Wifredo Lam muestran en sus obras la diversidad de aquellos planteos y un lugar de encuentro de las tradiciones populares con los repertorios del arte culto que circulan en los países de la región.

La colección | Arte y política



En los años 30 se afirma el eje arte/política como campo de acción, a nivel regional e internacional. Desde el muralismo mexicano de Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros hasta las pinturas de Antonio Berni (Argentina) y Cândido Portinari (Brasil), los pintores discuten y proponen diferentes maneras de relación entre las manifestaciones artísticas y sus contextos sociales.

Entre el trabajo colectivo de los artistas, la militancia y el debate de programas, aparecen variantes del Realismo social, el Nativismo, el Nuevo realismo y el Arte crítico, sobre todo en la pintura y en las artes gráficas.

La fotografía, el cine y los sucesos de la prensa contemporánea sobre la inestabilidad política, son las fuentes documentales para la producción plástica, en la que aparecen imágenes de obreros rurales y urbanos, en formatos pictóricos monumentales, como los personajes de una marcha por reclamos sociales o en celebraciones de tradición popular.

A estas representaciones cargadas de localismos se le suma la incorporación de materiales y recursos expresivos y técnicos que aportan una dimensión social a las manifestaciones, tales como la elección de la arpillera tomada de las bolsas de papas como soporte, o la opción de la técnica de pintura al temple para producir un efecto de pintura mural.

La colección | Modernidad | Vanguardia



Desde principios del siglo XX, los artistas latinoamericanos viajan a Europa y toman contacto con los movimientos de vanguardia. Desarrollan propuestas relacionadas con el expresionismo, el cubismo y el futurismo, participando activamente de sus circuitos de exposiciones y debates, en ciudades como París, Madrid, Barcelona, Berlín, Florencia y Milán. Sus obras y manifiestos insisten sobre la autonomía del arte y se alejan de la pintura y la escultura como modos de representación de la realidad. Durante los años 20, muchos de ellos regresan a sus países de origen y como protagonistas de las escenas nacionales, lideran las distintas batallas entre lo tradicional y “lo nuevo”. El Neocriollo de Xul Solar (Argentina), la Antropofagia de Tarsila do Amaral (Brasil), así como el Vibracionismo y el Universalismo constructivo de Rafael Barradas y Joaquín Torres-García (Uruguay), son sólo ejemplos clave de aquellas vanguardias propias de las modernidades regionales latinoamericanas.

Las Colecciones del Museo





Malba - Fundación Costantini es un museo dedicado al arte latinoamericano del siglo XX que posee un acervo único en el mundo y que desde sus orígenes se ocupó de las principales tendencias y movimientos que caracterizan al arte de la región en todos los soportes. Reúne pinturas, esculturas, dibujos, grabados, collages, fotografías, instalaciones y objetos de artistas desde México y el Caribe hasta la Argentina.

Desde su apertura al público en 2001, uno de sus principales objetivos ha sido la exhibición permanente de la mayor parte de su patrimonio, proponiendo a los visitantes renovadas lecturas y distintas aproximaciones a la historia del arte de Latinoamérica.

Desde las primeras modernidades y vanguardias hasta las producciones más contemporáneas de las últimas décadas del siglo XX, la presentación de la colección varía de acuerdo a la dinámica del Programa Anual de Adquisiciones y a las generosas donaciones recibidas tanto de artistas como de familias de artistas y particulares.


Modernidad | Vanguardia
Arte y política
Surrealismos
Concretos | Neoconcretos | Ópticos | Cinéticos
Informalismos | Arte destructivo | Otra figuraciones | Pop Objetos |
Minimalismo | Arte conceptual
Conceptualismos | Hiperrealismo | Nueva Imagen

El Edificio



Malba funciona en un edificio construido especialmente por la Fundación Eduardo F. Costantini, a partir de un concurso internacional lanzado en el marco de la VII Bienal de Arquitectura de Buenos Aires BA/97. El proyecto arquitectónico ganador -que cuenta con múltiples premios y menciones internacionales- fue elaborado por el estudio cordobés AFT Arquitectos, integrado por Gastón Atelman, Martín Fourcade y Alfredo Tapia.

El proyecto se desarrolló con el propósito de integrar el edificio a la ciudad y generar un entorno propicio para disfrutar de las obras de arte, cumpliendo con normas internacionales de exhibición y conservación. El programa arquitectónico quedó constituido por un hall de entrada, salas de exhibiciones permanentes y temporarias, terrazas de esculturas, un auditorio, restaurante, tienda, áreas de oficinas, talleres de conservación y de mantenimiento, depósito general, sala de máquinas y central de inteligencia.

Las salas principales pueden ser compartimentadas en diferentes galerías y se adecuan a los distintos formatos que demanda la exhibición de la colección permanente y de las muestras temporales. Están concebidas como arquitectura sin distracciones visuales, "cajas blancas" socavadas estratégicamente para permitir la entrada de luz natural tamizada y para generar un ámbito adecuado de apreciación de las obras de arte. Cada una de ellas posee las condiciones técnicas y tecnológicas necesarias para garantizar la integridad y la conservación de las obras exhibidas, de acuerdo con las premisas internacionales de seguridad y calidad.

Los grandes prismas revestidos de piedra caliza, los planos vidriados, la configuración de las diferentes salas y de los espacios vitales del museo conforman una arquitectura de eficiente neutralidad y hacen del museo un referente para la cultura de la ciudad de Buenos Aires. Su concepción arquitectónica implica una forma específica de comunicación entre la ciudad, sus habitantes y el arte.

Carta del fundador del Museo Malba


Estoy embarcado en un proyecto a largo plazo que comenzó en el otoño de 1970 con la compra de mis dos primeras obras, y que debería prolongarse a través del tiempo, trascendiendo mi muerte, en manos de la comunidad.

Este proyecto ha crecido gradualmente: al comienzo, dos cuadros adquiridos en una galería de Acassuso que ya no existe; luego otros más y, con el correr de los años, el nacimiento de una colección. Con ella, se fortaleció en mí la conciencia de coleccionista y de la función social que el proyecto podía adquirir: construiría una colección de arte latinoamericano para ayudar a promover y a difundir nuestros valores culturales en la Argentina y en el exterior.
Este propósito comenzó a hacerse realidad en el año 1996, cuando la colección fue solicitada, por primera vez, para ser exhibida en su totalidad por el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires. Luego le siguieron otras exhibiciones en Uruguay, Brasil y España, que acompañaron a la continua incorporación de obras.

Con el tiempo se fue fortaleciendo la idea de un proyecto con finalidad pública y social. Por fin, en el año 1998, gracias a la posibilidad de comprar un terreno estratégicamente ubicado, surgió la idea de crear un museo de arte latinoamericano. A la adquisición del predio le siguió la organización de un concurso internacional para la elección del proyecto, luego la construcción del edificio y, por último, la inauguración de Malba.

La existencia de Malba tiene para mí profundos significados. Es, ante todo, el hogar de las más de doscientas obras anteriormente diseminadas alrededor del mundo. A partir de ahora, todas compartirán un mismo hogar en mi país, en Buenos Aires. Juntas, en una unidad fortalecida, bregarán por las artes y por la identidad americana. Por otro lado, es también en Malba donde vuelco mis mayores esfuerzos y mi energía detrás de un ideal de sociedad más solidaria y armónica.

En las obras de esta colección hay pedazos de nuestra historia latinoamericana: hay sufrimiento y alegría, como en Frida Kahlo; hay religión y ordenamiento racional, como en Joaquín Torres García; hay el deseo de una identidad propiamente nuestra, como en Abaporu de Tarsila do Amaral; hay ideología y sensibilidad social, como en Antonio Berni o en David Alfaro Siqueiros.

Finalmente, creo que para que un museo tenga sentido, esa "casa" debe ser la casa de todos, es decir, debe ser un espacio cultural público, abierto y participativo. Por eso, el protagonista principal de Malba es el público. Y el museo será el puente tendido entre el público y los artistas, los críticos, los coleccionistas y todos los que conforman el mundo del arte.

Estoy seguro de que con el esfuerzo de todos, este proyecto que nació hace algunas décadas perdurará en el tiempo para el bien de la comunidad y del arte latinoamericano.

Eduardo F. Costantini

Origen del Museo


Desde 1990, la Colección Costantini estuvo abierta a la visita de especialistas y estudiosos tanto locales como internacionales y para el préstamo de obras a exposiciones de arte latinoamericano realizadas en diversos países de América y Europa. En 1996 se presentó públicamente en conjunto por primera vez en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, exposición que luego fue inaugurada en el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo. Entre 1998 y 1999, un conjunto importante de sus piezas más relevantes fue exhibido en el Museu de Arte Moderna de São Paulo, el Museu de Arte Moderna de Rio de Janeiro y en Fundación "La Caixa" en Madrid.

Simultáneamente, la Colección presentó entre 1997 y 2000 cuatro ediciones sucesivas del Premio Costantini en el Museo Nacional de Bellas Artes, concurso que contribuyó a estimular la producción artística argentina, al mismo tiempo que incorporó a la colección obras de artistas de las últimas generaciones a través de un primer premio adquisición.

A fines del año 1998 surgió la posibilidad de comprar un terreno estratégicamente ubicado en el tramado urbano y cultural de la ciudad para la construcción de un museo. Se organizó entonces una convocatoria internacional abierta por la Unión Internacional de Arquitectos en el marco de la Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires. Se presentaron 450 propuestas de 45 diferentes países. La selección quedó en manos de un jurado internacional de arquitectos y el primer premio fue otorgado a tres jóvenes arquitectos argentinos: Gastón Atelman, Martín Fourcade y Alfredo Tapia.

La construcción del nuevo edificio, la organización institucional, el crecimiento de la colección, el ingreso del museo al mapa cultural internacional y, sobre todo, la dimensión pública de sus objetivos y misión fueron los desafíos que transformaron una pasión privada en un proyecto de gran impacto comunitario.

Malba es un espacio cultural dinámico y participativo en el que se presentan exposiciones temporarias de diversa índole (en muchas ocasiones junto a otros museos alrededor del mundo, colecciones internacionales y fundaciones afines) y muestras de arte contemporáneo argentino y latinoamericano. Además, cuenta con un importante programa de cine y con una cinemateca que crece mensualmente a través de la adquisición y el rescate de films esenciales de la historia del cine. El museo también tiene un área de Literatura a través del cual realiza encuentros con escritores, cursos, seminarios, charlas literarias y presentaciones de libros.

El área de Educación y Acción Cultural incluye programas para niños, visitas guiadas y diversas actividades realizadas junto con organizaciones de la sociedad civil, y apunta a ofrecer a todos los sectores de la comunidad la posibilidad de disfrutar, estudiar y conocer algunos de los principales artistas y movimientos del arte del último siglo.

Misión del Museo


La misión de Malba – Fundación Costantini, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires,
es coleccionar, conservar, estudiar y difundir el arte latinoamericano desde principios del siglo XX hasta la actualidad.

Sus objetivos principales son educar al público y despertar su interés por los creadores latinoamericanos; contribuir al conocimiento de las producciones culturales de América latina fomentando el reconocimiento de la diversidad cultural y artística de esta región; y compartir la responsabilidad de este esfuerzo con la comunidad nacional e internacional promoviendo el intercambio artístico entre instituciones nacionales, regionales e internacionales, y apoyando programas innovadores centrados en las artes visuales y en la cultura latinoamericana.